Y el tonto del año 2014 es ….

Ya tenemos un primer candidato al premio ‘Tontolculo del Año’ que vamos a institucionalizar dentro de este blog.

Se trata de un individuo denominado como Salvador Sostres, que escribe dentro de los blogs de El Mundo (menuda decepción que me he llevado al comprobar que era cierto, que publica bajo el amparo y la difusión de El Mundo).

Lo he descubierto gracias a un amigo que compartió el contenido de un artículo escrito en mayo de 2013, pero me da mucha satisfacción comprobar cómo en una sencilla búsqueda en google, ya lo han nombrado gilipollas del año en varias ocasiones.

Y es que no es para menos. El diccionario de la RAE no contiene suficientes adjetivos calificativos para denominar a este sujeto que espero que esté solo, soltero y literlamente matándose a pajas. Porque yo con este no voy ni al McDonalds y por supuesto no compartiría ni un sólo átomo de comida o fluido corporal.

No sé con qué clase de mujeres ha compartido su existencia este sujeto, pero desde luego que ni conmigo ni con ninguna de mis amigas. Nosotras el vino lo pedimos por botellas, y en la mayor parte de las ocasiones en números siempre pares. Pero lo peor de todo no es lo que este cretino escribe. Lo peor de todo es que como él piensan muchos, que ni siquiera tienen la inteligencia suficiente para escribir.

Como pienso que ya te he causado la suficiente curiosidad como para leer los motivos por los que Salvador Sostres se merece el título de ‘Tontolculo de Año’, a continuación te los sirvo en bandeja. Y además no enlazo a su publicación original, que si lo hago se suma audiencia a mi costa, sino que reproduzco aquí su artículo.

Que te aproveche el premio majete, y a ver si te atragantas con el siguiente bocado.


Salvador Sostres

Sólo para hombres

Las mujeres no tendrían que poder entrar en los restaurantes de más de 100 euros. Ni ellas son felices ni nos lo dejan ser a nosotros. En este tipo de restaurantes es poco frecuente ver a dos mujeres solas, o a un grupo de ellas. Gastarse más de 100 euros para almorzar o cenar es un concepto de la masculinidad.

Las tres actividades principales en los restaurantes son comer y beber en el marco de una conversación si puede ser festiva pero en cualquier caso agradable. Las mujeres, en los restaurantes, hacen todo lo posible para no comer y para que tú no comas tanto; también para no beber, y para contarte tus copas con ese modo que tienen de ser tan desagradables.

Su primera estrategia es compartir. Compartir el primero, compartir el segundo, compartir el postre, y pronto vamos a ver cómo también quieren compartir el café. La cuestión es compartir, y si no quieres compartir con ellas se enfadan y se lo toman como un acto de desamor. Hay veces que te lo reprochan haciéndote sentir tan culpable que piensas que una infidelidad no sería peor.

No queremos compartir. Queremos comer. Queremos comer porque nos gusta comer, porque disfrutamos comiendo, porque somos muy felices sentados en un gran restaurante y comiendo todo lo que podamos comer. No tenemos complejos y no queremos adelgazar, como mínimo cuando estamos en un gran restaurante. No somos esclavos de una talla y si tenemos que moderarnos nos moderaremos mañana. Nos gusta el acto físico de comer, el acto intelectual de comer, el acto celebrativo de comer y sentimos un gran afecto y agradecimiento a las personas que cocinan por nosotros y tienen la bondad de servirnos. Y también por eso no nos gusta compartir, porque nos parece una estafa ocupar una mesa y hacer sólo la mitad del gasto. Nos gusta comer y nos gusta pagar. A algunos hombres se nos acusa de querer arreglarlo todo pagando, y yo en mi defensa tengo que decir que he visto que pagar es una forma sublime de humanidad y de ternura y que cuando hay conflicto suele ser la mejor medicina. Pagar es de valientes. Claro que pagamos. Siempre hay un precio.

También las mujeres tienen siempre una opinión sobre el tipo de plato que pedimos. Cuando no nos reprochan que sea demasiado caro, nos hacen una mueca porque resulta que no nos conviene al ser demasiado graso. Cualquier elección les parece inexacta, pero siempre, invariablemente, cuando llega tu plato, ellas acuden al reclamo con su tenedor en la mano para “probar” lo que has pedido. No pruebes nada. Por el amor de Dios. Un plato es una patria. Un plato es la medida exacta que el cocinero ha pensado para mi. Hay una intimidad entre el hombre y su plato que las mujeres sistemáticamente interrumpen sin el menor respeto a nada, sin la menor consideración a la dimensión espiritual de un ágape ni a la felicidad que un hombre siente ante su plato, cuando toma posesión de él sin que nadie se moleste.

 Una actitud muy molesta, y también muy femenina, es la de pedir el vino por copas, con el argumento de que “yo sólo voy a tomar una copa, ¡no te vas a beber tú la botella entera!”. Pedir vino por copas, salvo en caso de previsto maridaje, es una indigencia. No hay nada más triste, ni más de pobres, que pedir el vino por copas. No me cuentes las copas, no se trata de cantidades. Beberemos lo que ses necesario. Y si se acaba esta botella, pediremos otra. Si tomamos un gintónic, o un whisky, o un armagnac o un calvados, también pasará porque en aquel momento será justo y necesario, y si son dos, dos; si son tres, tres; y si son cuatro, pues cuatro. No se trata de contar sino de fluir. Fluir y dejarse ser en largas sobremesas longitudinales. Yo nunca conduzco y además hay taxis.

Dos parejas ocupando una mesa para cuatro gastarán siempre un 30% menos que cuatro amigos. Los grandes restaurantes son un concepto masculino, para hombres.

Y luego esa aversión que le tienen al aire acondicionado, ese termostato averiado que tienen, como de tribu africana. Nunca he sudado tanto como cenando en un gran restaurante porque una mujer había pedido que apagaran el aire. El frío es la temperatura del progreso. Sin frío sólo puede uno tomarse un gazpacho.

Colman el desastre al final, diciendo que tienen sueño cuando la conversación se pone interesante. Y entonces hay que levantarse.

Lo que en el fondo les sucede a las mujeres es que tienen envidia de los grandes restaurantes. De lo felices que nos ven. Esa felicidad tan nuestra, y que ellas no controlan ni tiene nada que ver con ellas. Al no poder vencerla, quieren destruirla, porque se sienten prescindibles e inseguras. ¡Ah, la franca amistad de los hombres! Qué lejos queda de cualquier comprensión femenina.

Grandes restaurantes sólo para hombres, que somos los que los sabemos disfrutar. Que ellas definan también su modelo de ocio y sus locales exclusivos, a los que juro por El Bulli que nunca voy a querer entrar.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ISABEL QUESADA VILLANUECA dice:

    En verdad que este sujeto tiene una mente estrecha, machista, retrógrada, es clasista, misógino y, encima…, va y se lo cree.

    Caballero (léase con profunda ironía y tremendo sarcasmo) para su debida constancia y puntual conocimiento con lo que Vd. ha escrito demuestra la “clase” que no posee (eso de te diré de qué presumes, por todo lo que denotas que careces).

    ÚLTIMAS NOTICIAS : NO TIENE VD. REPAJOLERA IDEA DE CÓMO SOMOS LAS MUJERES…,
    Y sentado lo anterior añadiré, váyase a los Restaurantes caros que le parezca y coma / beba hasta que le dé un yuyu…., o lo que toque.
    Vaticino, con su fabulosa manera de narrar tal “epopeya”, chuleando de dinero, “pretendida cultura gastronómico- festivalera” y supremo elitismo… ESTARÁ MÁS SOLO QUE LOS NÁUFRAGOS DE LOS CHISTES DE FORGES; sólo que con éstos al menos te ries, y muy por el contrario, con Vd. lo único que dan ganas es de salir corriendo y no mirar atrás ni para coger impulso.
    No puede ser Vd. más repulsivo.
    Así que permítame que dude muy mucho de su nivel de diálogo y de su “exquisita” capacidad comunicativa…. ¡¡ ES NEGADO !!!.
    Que le aproveche y con su pan se lo coma, con o sin botellas de vino de 100 euros.
    Así se comprueba el grado de soberana estupidez que pueden alcanzar algunos individuos.
    Las “carries” no comerán en su “fabulosa” compañía porque en verdad les resultará inaguantable y vomitivo.
    Con un especimen así…, pues ni los buenos días, prenda.
    Eres el perfecto remedio para cumplir el dicho…,”ni a coger monedas”.

    1. Nuria Montes dice:

      Isabel, yo no lo hubiera expresado mejor !!!

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